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Hace un mes, fue selectividad. Salían vídeos por todas partes de chicas y chicos reaccionando a sus notas de la PAU. Eso me hizo recordar cuando yo me presenté, mis notas, las anécdotas,… Pero en lo que más he pensado en este tiempo ha sido en matemáticas (qué raro para mí, ¿no?).


Siempre se me dieron bien las matemáticas, siempre las disfruté, los juegos matemáticos, retos. Cuanto mayor es el desafío, más disfruto resolviéndolo, no solo el resultado, sino el proceso. Tuve una profesora en primaria, a la que creo que tengo que agradecerle al menos la mitad de este amor por las matemáticas. Hacíamos mucho cálculo mental, nos daba muchos trucos y nos enseñó quizás más de lo que nos correspondía en ese último curso (cuando llegué a 1º de la ESO, no había nada que al menos no me sonara).


Los años fueron pasando, tuve profesores buenos, malos y regulares, pero siempre aprobé y saqué buenas notas en matemáticas con poco esfuerzo. Entendía las explicaciones rápido y casi no tenía que repasar. Con las explicaciones de clase y los deberes que nos mandaban hacer en casa, me era suficiente.


Pero llegué a bachiller. No voy a contar los detalles de todo lo que pasó en esos dos años con el profesor. Digamos que no congeniamos. Suspendí la primera evaluación, así que fui a clases particulares. Supuestamente no había razón para haber suspendido esa primera evaluación. Iba a clases, hacía ejercicios de años anteriores de selectividad y los hacía sin problema. Llegó la segunda evaluación y volví a suspender. Era un misterio, yo no lo entendía, mi profesora de clases particulares no lo entendía, parecía que solo el profesor de matemáticas entendía esos suspensos.


Era curioso además que siempre suspendía con la misma nota y en el examen de recuperación siempre aprobaba con la misma nota. Le pedí que me dejara los exámenes para poder hacerlos en clases y así ver qué errores estaba cometiendo. Spoiler! No me los dejó. No me importaba mucho el hecho de suspender, porque sabía que matemáticas tarde o temprano lo aprobaría. Pero la nota en bachiller cuenta para la universidad. No necesitaba una gran nota, pero matemáticas era la asignatura que podía subirme la media y en realidad era la que me la estaba bajando.


No sé cuando me di cuenta que no era cuestión de mi esfuerzo. No iba a aprobar hiciera lo que hiciera. Así que tomé la decisión de dejar de lado matemáticas y centrarme en otras asignaturas. OJO! No estoy recomendando lo que hice yo, pero en ese momento me pareció que era lo único que estaba en mi mano. Así que iba a clase de matemáticas, pero hacía otras asignaturas. Si me mandaba salir al encerado, le decía que no y seguía preparando otras asignaturas. Mi actitud no fue buena, me rebelé ante algo que me parecía injusto, porque no creía que se me estuviera evaluando por mis conocimientos en matemáticas, sino por lo bien o mal que le caía al profesor.


Aun así, no dejé las matemáticas de lado del todo. Yo seguía yendo a clases particulares y hacía los exámenes de otros años de selectividad. “Hoy examen de Cantabria del año 97”, me decía mi profesora. “Hoy examen de Madrid del año 2001”. Y así todos los días. Mientras que en el instituto seguía sacando la misma nota en los exámenes y la misma en la recuperación.
Llegó el momento de selectividad. Llevaba los exámenes hechos y rehechos. Cuando me pusieron el examen delante, conocía todos los ejercicios y, de alguno, hasta me acordaba del resultado que tenía que dar. Para no hacer el cuento más largo, cuando llegaron las notas, en matemáticas tenía un 9.5. En 2 años, no había pasado del 4 en los exámenes ni del 7 en las recuperaciones, y en selectividad, donde estás con los nervios a tope, duermes mal,… casi un 10.


¿Y por qué te cuento todo esto? Porque yo llegué a pensar que las matemáticas no eran para mí. Que me habían gustado el tiempo que no me habían exigido esfuerzo, pero que había tocado techo y que ya no iba a conseguir entender conceptos más complejos. Ese profesor me hizo casi despreciar las matemáticas. La selectividad, aunque para algunos es traumática, me devolvió ese amor por las matemáticas que creía que había perdido. Tuve 7 asignaturas de estadística en la universidad. Saqué mejores y peores notas, pero siempre las disfruté.


No dejes que te digan que no vales para algo. Quizás el problema no está en ti. Quizás el problema está en la otra persona. O quizás en ninguna de las dos y simplemente no llegáis a entenderos. Creo firmemente que todos y todas podemos entender y disfrutar las matemáticas. Igual solo necesitas otro enfoque, otra manera de verlas, practicarlas de diferente manera,…

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