Hay una frase que escucho con muchísima frecuencia en las clases particulares:
«En clase lo entiendo todo… pero luego llega el examen y suspendo.»
Al principio parece una contradicción. Si has entendido la explicación, ¿por qué los resultados no reflejan ese aprendizaje?
La realidad es que entender una explicación y ser capaz de resolver un examen de forma autónoma son dos habilidades diferentes. Comprender lo que hace un profesor en la pizarra es solo el primer paso. Después hay que ser capaz de aplicar esos conocimientos sin ayuda, identificar qué procedimiento utilizar y resolver problemas nuevos.
Por eso, muchos estudiantes salen de clase convencidos de que dominan un tema y, unos días después, descubren en el examen que todavía tenían lagunas importantes.
En este artículo veremos por qué ocurre esto y qué puedes hacer para evitarlo.
Entender no significa saber hacerlo solo
Cuando un profesor explica un ejercicio, el cerebro recibe mucha información ya organizada.
El profesor decide por dónde empezar, qué fórmula utilizar, qué datos son importantes y cómo resolver cada paso.
El alumno sigue la explicación y, normalmente, todo tiene sentido.
Sin embargo, durante un examen ocurre algo completamente distinto.
Ya no hay nadie indicando cuál es el siguiente paso.
Ahora eres tú quien tiene que decidir:
- ¿Qué me está preguntando el ejercicio?
- ¿Qué tema tengo que aplicar?
- ¿Qué fórmula necesito?
- ¿Estoy siguiendo el procedimiento correcto?
Ese cambio hace que muchos alumnos sientan que «se quedan en blanco», cuando en realidad el problema no es la memoria, sino la falta de práctica resolviendo ejercicios de manera independiente.
El error de estudiar solo leyendo apuntes
Otro motivo muy habitual es pensar que estudiar consiste en volver a leer los apuntes o repasar los ejercicios ya resueltos.
Leer una explicación varias veces produce una sensación de familiaridad.
Parece que todo está claro.
Pero esa sensación puede ser engañosa.
Nuestro cerebro reconoce la información porque ya la ha visto antes, pero reconocer algo no significa ser capaz de utilizarlo.
Es parecido a leer una receta de cocina.
Puedes entender perfectamente cada paso, pero eso no garantiza que sepas preparar el plato sin consultar la receta.
Con las Matemáticas ocurre exactamente lo mismo.
La práctica es la parte más importante
Las Matemáticas son una asignatura práctica.
No basta con comprender la teoría.
Hay que enfrentarse a ejercicios nuevos, cometer errores, corregirlos y volver a intentarlo.
Solo así el cerebro aprende a identificar patrones y a decidir qué procedimiento utilizar en cada situación.
Por eso, cuando un alumno me dice que entiende perfectamente un tema, normalmente le propongo resolver un ejercicio completamente diferente sin ayuda.
Es una forma muy sencilla de comprobar qué conceptos están realmente consolidados y cuáles necesitan un poco más de trabajo.
Memorizar procedimientos tampoco suele funcionar
Muchos estudiantes intentan aprender Matemáticas memorizando pasos.
«Si el ejercicio es así, hago esto.»
El problema aparece cuando el examen plantea el mismo concepto de una forma ligeramente diferente.
En ese momento, el procedimiento memorizado deja de servir.
Comprender por qué utilizamos una determinada fórmula o por qué seguimos un determinado proceso es mucho más útil que intentar recordar una lista de pasos.
Cuando entiendes la lógica que hay detrás de un ejercicio, resulta mucho más fácil adaptarte a preguntas nuevas.
Los nervios también influyen
Aunque hayas estudiado bien, los nervios pueden jugar una mala pasada.
La presión del tiempo, el miedo a equivocarse o una mala experiencia en exámenes anteriores pueden hacer que un alumno dude incluso de conocimientos que domina.
Por eso es importante practicar en condiciones similares a las del examen.
Resolver ejercicios sin mirar los apuntes, controlar el tiempo y acostumbrarse a trabajar de forma autónoma ayuda a reducir esa ansiedad.
Cuanto más familiar resulte la situación, menos probabilidades habrá de quedarse en blanco.
Aprender de los errores es parte del proceso
Después de un examen, muchos alumnos solo miran la nota.
Sin embargo, el verdadero aprendizaje suele estar en analizar los errores.
Pregúntate:
- ¿Me equivoqué porque no entendía el concepto?
- ¿Elegí un procedimiento incorrecto?
- ¿Fue un fallo de cálculo?
- ¿Leí mal el enunciado?
Responder a estas preguntas permite detectar qué aspecto necesita mejorar.
No todos los errores tienen el mismo origen y, por tanto, tampoco se solucionan de la misma manera.
La confianza también se entrena
Cuando un alumno suspende varias veces seguidas, es fácil que empiece a pensar que «las Matemáticas no son lo suyo«.
Sin embargo, esa falta de confianza suele ser consecuencia de las dificultades, no su causa.
A medida que el estudiante comprende los conceptos y gana autonomía resolviendo ejercicios, la seguridad aumenta de forma natural.
Por eso es tan importante trabajar la comprensión antes que la memorización.
Conclusión
Entender una explicación en clase no garantiza obtener un buen resultado en el examen.
Para que el aprendizaje sea realmente sólido, es necesario practicar de forma autónoma, enfrentarse a ejercicios nuevos, comprender los procedimientos y aprender de los propios errores.
Las Matemáticas no consisten únicamente en escuchar una explicación, sino en desarrollar la capacidad de resolver problemas por uno mismo.
Si sientes que entiendes los temas en clase pero los exámenes no reflejan ese esfuerzo, probablemente no necesites estudiar más horas. Lo que necesitas es cambiar la forma en la que practicas. Y esa es precisamente una de las cosas que más trabajamos en las clases particulares: no solo entender un ejercicio cuando alguien lo explica, sino ser capaz de resolverlo con seguridad cuando estás tú solo delante del examen.
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