Hay una situación bastante habitual cuando estudiamos.
Lees una página.
La vuelves a leer.
Subrayas algunas partes.
Después vuelves a leerla una tercera vez.
Y llega un momento en el que piensas:
«Creo que ya me lo sé.»
Pero ¿cómo puedes estar seguro?
El problema es que reconocer una información cuando la tienes delante no significa necesariamente que seas capaz de recordarla o utilizarla por ti mismo.
Cuando estamos leyendo unos apuntes, todo parece familiar. Las palabras están ahí, las definiciones nos suenan y tenemos la sensación de que podríamos explicarlo.
Hasta que cerramos el documento.
Entonces llega la sorpresa.
«¿Cómo era esto?»
«¿Cuál era la diferencia entre estos dos conceptos?»
«Sabía que lo había estudiado, pero ahora mismo no me acuerdo.»
Esto no significa que no hayas estudiado. Significa que todavía necesitas comprobar qué parte del contenido puedes recuperar y utilizar sin tener los apuntes delante.
Leer y comprender no son exactamente lo mismo
Leer es un paso necesario, pero no debería ser el único.
Mientras lees, recibes información y puedes reconocer conceptos que ya has visto anteriormente.
Por ejemplo, puedes leer una definición y pensar:
«Sí, esto me suena.»
Pero si alguien te pregunta qué significa sin enseñarte la definición, la situación cambia.
Por eso, una de las mejores formas de comprobar si realmente has entendido algo consiste en intentar explicarlo sin mirar.
No hace falta utilizar palabras complicadas.
De hecho, cuanto más sencillo puedas explicarlo, mejor.
Imagina que tienes que explicárselo a alguien que no ha estudiado esa asignatura.
Si eres capaz de hacerlo de forma clara y sin depender constantemente de los apuntes, probablemente has comprendido bastante bien el concepto.
Si te bloqueas, también es información útil.
Acabas de descubrir qué necesitas seguir trabajando.
Una prueba muy sencilla: cierra los apuntes
Puedes hacer esta prueba prácticamente con cualquier asignatura.
Estudia un apartado.
Cierra los apuntes.
Y pregúntate:
¿Qué recuerdo de lo que acabo de estudiar?
Intenta escribir las ideas principales o explicarlas en voz alta.
No mires los apuntes mientras lo haces.
Después compáralo con el contenido original.
Es posible que descubras que recuerdas perfectamente algunas partes y que otras han desaparecido por completo.
Eso no es un fracaso.
Es precisamente lo que queríamos descubrir.
También puedes convertir el tema en preguntas
Otra estrategia consiste en transformar los contenidos en preguntas.
Si estás estudiando:
«Tipos de aprendizaje»
puedes preguntarte:
- ¿Qué tipos existen?
- ¿Qué características tiene cada uno?
- ¿En qué se diferencian?
- ¿Puedo poner un ejemplo de cada uno?
Si estudias:
«Funciones de la evaluación educativa»
puedes preguntarte:
- ¿Qué funciones tiene?
- ¿Para qué sirve cada una?
- ¿En qué situaciones se aplica?
De esta manera puedes comprobar si realmente puedes recuperar la información.
Y hay algo especialmente interesante: las preguntas que no puedes responder te indican dónde debes volver a estudiar.
En lugar de repasar todo el tema otra vez, puedes concentrarte en aquello que todavía no dominas.
¿Y si puedo repetirlo pero no sé aplicarlo?
Aquí aparece otro nivel.
A veces somos capaces de memorizar una definición perfectamente, pero no sabemos reconocerla cuando aparece en un ejemplo.
Esto puede ocurrir mucho en asignaturas universitarias.
Puedes memorizar qué significa un concepto de metodología, pero después encontrarte con un caso práctico y no saber identificarlo.
En Matemáticas puede suceder algo parecido.
Puedes conocer la fórmula, pero no saber qué procedimiento utilizar cuando cambia el planteamiento del problema.
Por eso es importante hacer una segunda pregunta:
«¿Sé utilizar lo que acabo de estudiar?»
Comprender no significa únicamente poder repetir información.
También significa poder relacionarla, reconocerla y aplicarla.
Los errores también sirven para estudiar
Cuando haces una pregunta o un ejercicio y te equivocas, acabas de obtener información muy valiosa.
Has descubierto una parte del contenido que todavía no dominas.
En lugar de limitarte a mirar la respuesta correcta y continuar, intenta descubrir por qué te has equivocado.
¿No recordabas el concepto?
¿Lo habías confundido con otro?
¿No entendías lo que te preguntaban?
¿Sabías la teoría pero no sabías aplicarla?
Cada tipo de error necesita una solución diferente.
Y aprender a distinguirlos puede ayudarte mucho más que simplemente contar cuántas preguntas has acertado.
La sensación de «me lo sé» puede engañarnos
Una de las razones por las que estudiar resulta complicado es que nuestra sensación de aprendizaje no siempre coincide con lo que realmente sabemos.
Cuando releemos muchas veces un mismo contenido, este nos resulta cada vez más familiar.
Y esa familiaridad puede hacernos pensar que lo dominamos.
Pero la verdadera prueba llega cuando tenemos que recuperar la información sin ayuda.
Por eso es buena idea alternar momentos de estudio con pequeños momentos de comprobación.
Estudia.
Cierra los apuntes.
Intenta recordar.
Explica.
Haz preguntas.
Resuelve un ejercicio.
Y vuelve al contenido cuando descubras una dificultad.
No necesitas esperar al examen para descubrir que no te lo sabes
Uno de los peores momentos para descubrir que no entiendes un tema es cuando quedan dos días para el examen.
Si durante las semanas anteriores has ido comprobando qué puedes explicar y qué no, tendrás muchas más oportunidades de detectar las dificultades.
No hace falta hacer sesiones enormes.
Incluso después de estudiar un apartado durante un rato puedes dedicar cinco minutos a comprobar qué recuerdas.
Esos cinco minutos pueden ahorrarte mucho tiempo después.
Entonces, ¿cómo sé si realmente he aprendido?
Puedes hacerte estas preguntas:
1. ¿Puedo explicar el concepto con mis propias palabras?
2. ¿Puedo recordarlo sin mirar los apuntes?
3. ¿Puedo diferenciarlo de otros conceptos parecidos?
4. ¿Puedo poner un ejemplo?
5. ¿Sé aplicarlo cuando cambia el ejercicio o la situación?
Cuantas más respuestas afirmativas puedas dar, más probable es que realmente estés comprendiendo el contenido.
Y si alguna respuesta es «no», no pasa nada.
Precisamente has encontrado aquello que necesitas seguir trabajando.
Estudiar también consiste en comprobar
No podemos saber si hemos aprendido algo únicamente por el número de horas que hemos pasado estudiándolo.
Tampoco porque una página nos resulte familiar después de leerla cinco veces.
Aprender implica poder recuperar, explicar, relacionar y utilizar la información.
Por eso, la próxima vez que termines de estudiar un tema, no cierres simplemente los apuntes y pases al siguiente.
Haz una pequeña prueba.
Pregúntate qué recuerdas.
Explícalo.
Busca un ejemplo.
Intenta resolver algo.
Y comprueba dónde aparecen las dificultades.
Porque estudiar no consiste solamente en meter información en la cabeza.
También consiste en descubrir qué parte de esa información realmente has conseguido hacer tuya.
¿Te cuesta saber por dónde empezar o qué necesitas mejorar?
Cuando una asignatura se atasca, no siempre es porque falten horas de estudio. A veces es difícil detectar exactamente qué parte del proceso está fallando.
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