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Cuando termina el curso, muchas familias y estudiantes toman la misma decisión: descansar durante el verano y esperar a septiembre para pensar en los estudios.

Es una decisión completamente comprensible. Después de meses de clases, exámenes y trabajos, todos necesitamos desconectar.

Sin embargo, cuando llega septiembre ocurre algo que se repite cada año. En apenas unas semanas aparecen los primeros deberes, los nuevos temas avanzan muy deprisa y muchos alumnos sienten que vuelven a ir por detrás desde el principio.

Por eso cada vez más estudiantes deciden empezar las clases particulares antes de que comience el curso.

No para pasar el verano estudiando ocho horas al día.

Ni para adelantar medio temario.

Sino para llegar a septiembre con tranquilidad, recuperar la confianza y comenzar el curso sobre una base mucho más sólida.

El error de esperar al primer suspenso

Existe la idea de que las clases particulares solo son necesarias cuando aparecen malas notas.

Pero, en realidad, ese suele ser el momento en el que el problema ya lleva tiempo creciendo.

Un alumno que suspende el primer examen de octubre normalmente no empezó a tener dificultades en octubre.

Quizá arrastraba dudas del curso anterior.

Tal vez nunca llegó a comprender bien algunos conceptos básicos.

O simplemente empezó el nuevo curso sin un método de estudio que le ayudara a organizarse.

Esperar a que aparezcan los primeros suspensos significa empezar a solucionar el problema cuando este ya ha tenido tiempo de crecer.

En cambio, comenzar unas semanas antes permite detectar esas dificultades con calma y corregirlas antes de que se conviertan en un obstáculo.

Septiembre avanza mucho más rápido de lo que parece

Los primeros días del curso suelen dar una falsa sensación de tranquilidad.

Presentaciones.

Horarios.

Libros nuevos.

Organización de las clases.

Pero esa calma dura muy poco.

En dos o tres semanas empiezan los primeros ejercicios, controles y exámenes.

Muchos alumnos todavía están intentando adaptarse cuando el profesor ya ha explicado varios temas.

Y recuperar ese ritmo después resulta bastante más complicado.

Llegar preparado hace que el inicio del curso sea mucho menos estresante.

Recuperar la base suele ser más importante que adelantar temario

Una de las preguntas que más suelen hacerme en verano es:

«¿Vamos a empezar el temario del curso que viene?»

La respuesta casi siempre es la misma:

Depende.

En muchas ocasiones resulta mucho más útil reforzar los contenidos fundamentales del curso anterior que empezar temas nuevos.

Por ejemplo, en Matemáticas es frecuente que las dificultades no aparezcan porque el contenido actual sea especialmente difícil, sino porque existen pequeñas lagunas acumuladas.

Un alumno que no domina bien las ecuaciones tendrá muchas más dificultades cuando lleguen las funciones.

Y quien tiene problemas con el álgebra probablemente también los tendrá más adelante con la geometría analítica.

Lo mismo ocurre en la universidad.

Muchos estudiantes de Psicología llegan a asignaturas como Psicometría o Análisis de Datos con dudas sobre conceptos básicos de estadística que nunca terminaron de comprender.

Reforzar esas bases antes de comenzar el nuevo curso suele ser mucho más eficaz que intentar correr para adelantar contenido.

Empezar antes también reduce la ansiedad

El comienzo del curso genera nervios en muchos estudiantes.

Especialmente si el año anterior no fue como esperaban.

A veces el miedo no tiene que ver con una asignatura concreta.

Tiene que ver con la sensación de pensar:

«Seguro que este año vuelve a pasar lo mismo.»

Trabajar durante unas semanas antes del inicio del curso ayuda a recuperar confianza.

El alumno comprueba que entiende los conceptos, que puede resolver ejercicios y que es capaz de avanzar.

Esa seguridad suele notarse desde los primeros días de clase.

No hace falta estudiar todo el verano

Cuando hablamos de empezar antes, muchas personas imaginan clases todos los días.

Nada más lejos de la realidad.

En muchos casos basta con una sesión semanal.

El objetivo no es llenar el verano de apuntes.

Es llegar a septiembre con una buena base, una planificación clara y la sensación de que el curso empieza desde cero, no desde las dificultades del año anterior.

Cada alumno necesita un plan diferente

No todos los estudiantes tienen las mismas necesidades.

Hay quien necesita reforzar Matemáticas porque terminó el curso con muchas dudas.

Otros quieren preparar Bachillerato con más seguridad.

También hay estudiantes universitarios que prefieren empezar a revisar asignaturas como Psicometría, Análisis de Datos o Psicobiología antes de que comiencen las clases.

Por eso las clases particulares no deberían ser iguales para todo el mundo.

Lo más importante es adaptar el ritmo, los objetivos y la forma de explicar a cada estudiante.

Conclusión

Empezar las clases particulares antes de septiembre no significa renunciar al descanso del verano.

Significa aprovechar unas pocas semanas para reforzar conocimientos, recuperar la confianza y comenzar el curso con una ventaja que muchas veces marca la diferencia.

No se trata de estudiar más.

Se trata de empezar mejor.

Cuando un alumno llega al primer día de clase sabiendo que entiende la base y que tiene un método para afrontar el curso, es mucho más fácil mantener el ritmo durante los meses siguientes.

Y, en muchas ocasiones, esa preparación temprana evita que pequeños problemas acaben convirtiéndose en grandes dificultades.

¿Necesitas apoyo para empezar el curso con seguridad?

Si quieres reforzar Matemáticas, Lengua, asignaturas de Psicología o Pedagogía antes de que comience septiembre, las clases particulares pueden ayudarte a construir una buena base desde el principio. El objetivo no es estudiar más horas, sino aprender de una forma más eficaz y adaptada a tus necesidades.

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Instagram: @clasesparticulares_rl

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