Cuando un estudiante saca buena nota en un examen, solemos pensar automáticamente que ha aprendido. Del mismo modo, cuando suspende, es fácil concluir que no ha estudiado lo suficiente o que no ha entendido la materia.
Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.
Aprobar y aprender son dos conceptos relacionados, pero no son exactamente lo mismo. De hecho, es posible aprobar un examen sin haber adquirido un aprendizaje profundo, igual que también puede ocurrir lo contrario: comprender una asignatura y, aun así, obtener un resultado peor de lo esperado en una prueba concreta.
Entender esta diferencia cambia por completo la forma de estudiar y ayuda a explicar por qué algunos alumnos consiguen mantener sus conocimientos durante años mientras que otros olvidan casi todo pocas semanas después del examen.
Aprobar es un objetivo. Aprender es un proceso.
Un examen tiene una fecha concreta.
El aprendizaje no.
Cuando un alumno estudia únicamente con el objetivo de superar una prueba, es habitual que centre todo su esfuerzo en recordar la mayor cantidad posible de información durante unos pocos días.
Ese método puede funcionar en determinadas ocasiones.
Incluso puede permitir obtener una buena calificación.
Pero una vez termina el examen, gran parte de esa información desaparece porque nunca llegó a integrarse realmente.
Aprender implica algo diferente.
Supone comprender los conceptos, relacionarlos con conocimientos anteriores, ser capaz de aplicarlos en situaciones nuevas y utilizarlos incluso después de que haya pasado el examen.
Por eso aprender suele requerir más tiempo que memorizar.
Pero también ofrece resultados mucho más duraderos.
La falsa sensación de «ya me lo sé»
Uno de los errores más frecuentes al estudiar consiste en confundir familiaridad con aprendizaje.
Imagina que lees varias veces un mismo tema.
La segunda lectura resulta más sencilla.
La tercera todavía más.
Empiezas a reconocer las definiciones y tienes la sensación de dominar el contenido.
Sin embargo, cuando cierras los apuntes e intentas explicarlo con tus propias palabras… aparecen las dudas.
Ese fenómeno es muy habitual.
Nuestro cerebro interpreta que reconocer una información significa saber utilizarla, cuando en realidad son procesos completamente distintos.
Por eso releer apuntes suele dar una sensación de seguridad que muchas veces desaparece durante el examen.
Memorizar sirve… hasta cierto punto
No toda la memoria es mala.
Hay conceptos, definiciones o fórmulas que inevitablemente debemos recordar.
El problema aparece cuando todo el estudio se basa únicamente en memorizar.
Pensemos en un ejemplo de Matemáticas.
Un estudiante puede aprender de memoria la fórmula de la ecuación de la recta.
Si el examen consiste únicamente en escribir esa fórmula, probablemente obtendrá una buena nota.
Pero si le piden interpretar una situación, decidir qué ecuación utilizar o justificar un procedimiento, memorizar deja de ser suficiente.
En Psicología sucede algo parecido.
Puedes recordar la definición de fiabilidad o de validez.
Sin embargo, si no comprendes qué significan realmente esos conceptos, será muy difícil interpretar correctamente un ejercicio de Psicometría o de Análisis de Datos.
Comprender siempre ofrece mucha más flexibilidad que memorizar.
El aprendizaje verdadero aparece cuando puedes explicarlo
Existe una forma muy sencilla de comprobar si realmente has aprendido un tema.
Intenta explicárselo a otra persona.
No hace falta que sea un compañero de clase.
Puede ser un familiar o incluso puedes hacerlo en voz alta mientras estudias.
Si necesitas repetir literalmente el libro, probablemente todavía dependes demasiado de la memoria.
En cambio, cuando eres capaz de poner ejemplos, utilizar tus propias palabras y adaptar la explicación a quien te escucha, significa que el conocimiento ya forma parte de tu comprensión.
Y eso es mucho más difícil de olvidar.
Las buenas notas no siempre garantizan una buena base
Hay estudiantes que consiguen aprobar curso tras curso utilizando estrategias muy eficaces para preparar exámenes.
Sin embargo, cuando llegan a niveles superiores descubren que les faltan conocimientos básicos.
Esto ocurre con bastante frecuencia.
En Matemáticas, por ejemplo, las dificultades de Bachillerato muchas veces no nacen en Bachillerato.
Proceden de contenidos de cursos anteriores que nunca llegaron a consolidarse.
En la universidad sucede exactamente igual.
Muchos estudiantes de Psicología llegan a asignaturas como Psicometría o Metodología de la Investigación con dudas sobre conceptos estadísticos que ya habían estudiado antes, pero que únicamente memorizaron para aprobar.
Cuando la base es débil, cada tema nuevo resulta más complicado que el anterior.
Entonces, ¿qué debería buscar un estudiante?
La respuesta no es elegir entre aprender o aprobar.
Lo ideal es conseguir ambas cosas.
Aprobar sigue siendo importante.
Las notas abren puertas, permiten acceder a determinadas oportunidades y reflejan, en parte, el trabajo realizado.
Pero si todo el esfuerzo termina el día del examen, el aprendizaje pierde gran parte de su valor.
El objetivo debería ser construir conocimientos que permanezcan en el tiempo.
Para conseguirlo, resulta mucho más útil resolver ejercicios, explicar conceptos, relacionar ideas y practicar de forma activa que limitarse a releer apuntes durante horas.
¿Cómo intento trabajar esto en mis clases?
Una de las cosas que más intento transmitir a mis alumnos es que comprender siempre tiene prioridad sobre memorizar.
No me interesa únicamente que sepan resolver un ejercicio concreto.
Quiero que entiendan por qué se resuelve de esa manera.
Cuando un estudiante comprende la lógica que hay detrás de un procedimiento, es capaz de enfrentarse a problemas nuevos con mucha más seguridad.
Y esa seguridad suele reflejarse también en los resultados.
Conclusión
Aprobar un examen y aprender de verdad no son exactamente lo mismo.
Una buena nota puede ser el resultado de un aprendizaje sólido, pero también puede conseguirse mediante estrategias de memorización que funcionan solo a corto plazo.
En cambio, cuando un estudiante comprende los conceptos, practica de forma activa y construye una base sólida, no solo mejora sus resultados académicos, sino que también desarrolla conocimientos que podrá utilizar durante mucho más tiempo.
El verdadero objetivo no debería ser elegir entre aprender o aprobar.
Debería ser conseguir ambas cosas.
Porque cuando el aprendizaje es profundo, aprobar suele convertirse en una consecuencia natural del trabajo realizado.
¿Quieres aprender de una forma más eficaz?
Cada estudiante tiene dificultades diferentes. Algunos necesitan reforzar la base, otros mejorar su método de estudio y otros encontrar una explicación que se adapte mejor a su forma de aprender.
Las clases particulares no consisten únicamente en preparar exámenes. También pueden ayudarte a comprender los conceptos, ganar confianza y construir un aprendizaje que vaya más allá de una simple nota.
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