Hay una situación que muchos estudiantes conocen demasiado bien.
Abres los apuntes.
Miras las páginas que tienes por delante.
Empiezas a leer.
Después de un rato has subrayado varias páginas, quizá has hecho algún esquema y has releído varias veces el mismo párrafo.
Pero cuando cierras los apuntes y alguien te pregunta qué has estudiado, no sabes muy bien qué responder.
Y entonces aparece la sensación de que tienes muchísimo que estudiar y muy poco tiempo para hacerlo.
Esto ocurre especialmente cuando los apuntes son extensos o cuando la asignatura tiene una gran cantidad de conceptos relacionados entre sí. En la universidad puede ser todavía más frecuente: apuntes de clase, presentaciones, artículos, capítulos de libros y documentos que se van acumulando hasta convertirse en un montón de información aparentemente imposible de abarcar.
Pero antes de empezar a memorizar, hay algo mucho más importante: saber qué tienes delante.
El primer error: empezar a estudiar sin conocer la estructura
Cuando tenemos muchas páginas delante, lo normal es empezar por la primera y avanzar.
Sin embargo, estudiar de principio a fin no siempre es la mejor estrategia.
Antes de entrar en los detalles, dedica unos minutos a observar el conjunto.
Mira los títulos de los temas, los apartados y los subapartados. Comprueba qué conceptos aparecen varias veces y cómo está organizada la información.
El objetivo de esta primera revisión no es aprender nada.
Es construir un mapa mental de la asignatura.
Si sabes que un tema empieza hablando de un concepto, después explica varios tipos y finalmente analiza sus aplicaciones, cuando empieces a estudiarlo tendrás una estructura sobre la que colocar la información.
Sin esa estructura, todos los datos pueden parecer igual de importantes.
No todo lo que aparece en los apuntes tiene la misma importancia
Este es otro problema muy habitual.
Algunos estudiantes subrayan prácticamente todo porque tienen miedo de dejar fuera algo importante.
El resultado es que terminan con páginas completamente coloreadas.
Si todo está subrayado, nada destaca.
Una buena pregunta para empezar a seleccionar información es:
«Si tuviera que explicar este tema a otra persona, ¿qué conceptos necesitaría mencionar obligatoriamente?»
Esos conceptos deberían ocupar un lugar central.
Después estarán las explicaciones, ejemplos, características y detalles que ayudan a comprenderlos.
No significa que el resto de la información sea inútil. Significa que no toda cumple la misma función.
Primero comprende, después memoriza
Otro error frecuente consiste en intentar memorizar una definición antes de entender qué significa.
Puede funcionar para responder una pregunta concreta, pero suele fallar cuando el examen exige aplicar el conocimiento.
Imagina que estás estudiando una asignatura de Psicología y encuentras una definición que no comprendes completamente.
Puedes repetirla diez veces.
Probablemente terminarás recordando las palabras.
Pero si después te presentan un ejemplo diferente y te preguntan cómo se relaciona con ese concepto, quizá no sepas qué responder.
Por eso es mucho más útil intentar explicar el concepto con tus propias palabras.
Si puedes hacerlo sin copiar la definición literalmente, probablemente estás empezando a comprenderlo.
Convierte los apuntes en preguntas
Una forma sencilla de pasar de una lectura pasiva a un estudio más activo consiste en transformar los títulos y conceptos en preguntas.
Por ejemplo:
«Tipos de memoria»
puede convertirse en:
«¿Qué tipos de memoria existen y qué diferencia hay entre ellos?»
O:
«Características del aprendizaje significativo»
puede convertirse en:
«¿Qué características tiene el aprendizaje significativo?»
Después intenta responder sin mirar los apuntes.
Si puedes hacerlo, perfecto.
Si no puedes, ya has encontrado exactamente qué necesitas repasar.
De esta manera, estudiar deja de consistir en releer páginas y pasa a convertirse en una comprobación constante de lo que realmente sabes.
Detecta las dudas antes de seguir avanzando
Hay algo que suele ocurrir cuando una persona no entiende un concepto: decide continuar y volverá a él más adelante.
A veces funciona.
Pero otras veces ese concepto es necesario para comprender los siguientes.
Esto es especialmente importante en asignaturas cuyos contenidos están relacionados entre sí.
Por ejemplo, una dificultad con un concepto estadístico puede hacer que un procedimiento posterior parezca mucho más complicado de lo que realmente es.
Cuando encuentres algo que no entiendes, márcalo.
Puedes utilizar un símbolo, una lista de dudas o simplemente una nota.
Lo importante es que no desaparezca entre las páginas.
No confundas estudiar con estar delante de los apuntes
Esta diferencia es fundamental.
Puedes pasar tres horas delante de un documento y haber aprendido muy poco.
También puedes estudiar durante una hora y conseguir comprender perfectamente varios conceptos.
El tiempo dedicado al estudio es importante, pero no es la única medida.
Pregúntate:
¿Qué puedo hacer ahora que no podía hacer antes de estudiar?
Si puedes explicar un concepto, resolver un ejercicio, comparar dos ideas o responder preguntas sin mirar los apuntes, probablemente has avanzado.
Si únicamente has leído varias páginas, quizá todavía necesites trabajar el contenido de una manera más activa.
¿Y qué ocurre cuando no sabes ni siquiera qué es lo importante?
Aquí es donde muchas personas necesitan ayuda.
A veces el problema no es la falta de ganas de estudiar.
Es que nadie les ha enseñado a organizar una asignatura extensa.
Cuando no sabes distinguir los conceptos fundamentales de los secundarios, todo parece igual de importante.
Cuando no entiendes una explicación, memorizarla resulta todavía más difícil.
Y cuando llevas varios días intentando avanzar sin conseguirlo, la frustración empieza a afectar también a la motivación.
En esos casos, contar con otra persona que pueda ayudarte a ordenar el contenido puede ahorrar mucho tiempo.
No necesariamente para que te diga qué tienes que memorizar, sino para que puedas entender la estructura de la asignatura y encontrar una forma de trabajarla que tenga sentido para ti.
Esto también se aplica a los apuntes universitarios
En la universidad es especialmente fácil acumular información.
Una asignatura puede incluir apuntes de clase, presentaciones, lecturas obligatorias, artículos científicos y materiales complementarios.
Intentar estudiar todo exactamente de la misma manera puede resultar agotador.
Por eso es importante aprender a identificar qué función cumple cada material.
Los apuntes pueden ayudarte a comprender la explicación.
Un libro puede ampliar determinados conceptos.
Un artículo puede servir para profundizar en un tema concreto.
Y los ejercicios pueden ayudarte a comprobar si realmente has entendido lo anterior.
Estudiar no consiste necesariamente en memorizar cada página.
Consiste en integrar la información necesaria para comprender y utilizar los contenidos.
En resumen
Si tienes una asignatura llena de apuntes y no sabes por dónde empezar, no necesitas comenzar inmediatamente a memorizar.
Primero:
- Observa la estructura general.
- Identifica los conceptos principales.
- Distingue la información fundamental de los detalles.
- Intenta comprender antes de memorizar.
- Convierte los contenidos en preguntas.
- Comprueba qué puedes explicar sin mirar.
- Anota las dudas y resuélvelas antes de que se acumulen.
Y recuerda algo importante: tener muchos apuntes no significa necesariamente que tengas que memorizarlo todo de la misma manera.
A veces el primer paso para estudiar mejor no es estudiar más.
Es aprender a organizar lo que tienes delante.
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