«Hoy he estudiado seis horas.»
A primera vista parece una cantidad enorme de trabajo.
Y es normal pensar que alguien que estudia seis horas debería obtener necesariamente mejores resultados que alguien que estudia dos.
Pero el número de horas, por sí solo, no nos cuenta toda la historia.
Puedes pasar una tarde entera delante de los apuntes y terminar el día con la sensación de que has avanzado muchísimo.
Y, sin embargo, cuando intentas recordar lo que has estudiado al día siguiente, quizá descubras que recuerdas bastante menos de lo que esperabas.
Esto no significa que estudiar muchas horas sea malo.
Significa que el tiempo es solo una parte del proceso de aprendizaje.
Estar sentado delante de los apuntes no siempre es estar estudiando
Esta diferencia puede parecer evidente, pero en la práctica es fácil olvidarla.
Puedes pasar dos horas delante de un tema y dedicar una parte importante de ese tiempo a leer y releer información que ya conocías.
Puedes distraerte.
Puedes quedarte atascado durante mucho tiempo en una parte concreta.
Puedes estar haciendo un esquema demasiado detallado.
Incluso puedes pasar veinte minutos intentando decidir qué color utilizar para cada apartado.
Has estado sentado estudiando.
Pero eso no significa que los veinte minutos hayan contribuido de la misma manera al aprendizaje.
Por eso es más útil preguntarse:
«¿Qué he conseguido aprender durante este tiempo?»
en lugar de únicamente:
«¿Cuántas horas he estado estudiando?»
El cansancio también afecta
A medida que acumulamos horas, nuestra capacidad de mantener la atención puede disminuir.
Esto no significa que después de una hora dejemos de aprender automáticamente.
Cada persona tiene un ritmo diferente.
Pero sí significa que estudiar durante muchas horas seguidas no garantiza que todas ellas sean igual de productivas.
Una persona puede estar cuatro horas delante de los apuntes y tener dificultades para concentrarse durante las últimas dos.
En determinadas situaciones puede ser mucho más útil estudiar durante periodos más manejables, descansar y volver después con mayor capacidad de atención.
El objetivo no debería ser llenar el día de horas de estudio.
Debería ser aprovechar razonablemente las horas disponibles.
¿Qué estás haciendo durante esas horas?
Imagina dos estudiantes.
El primero pasa tres horas leyendo un tema.
El segundo pasa dos horas leyendo una parte, intentando explicarla sin mirar, resolviendo algunas preguntas y comprobando qué conceptos no recuerda.
El segundo ha estudiado menos tiempo.
Pero probablemente ha tenido más oportunidades de comprobar qué está aprendiendo realmente.
Esto es especialmente importante cuando preparamos un examen.
No basta con exponernos a la información.
Tenemos que recuperarla y utilizarla.
La dificultad también cambia según la tarea
No todas las actividades de estudio requieren el mismo esfuerzo.
Leer una explicación puede resultar relativamente sencillo.
Intentar recordar esa explicación sin mirar los apuntes es más exigente.
Resolver un problema nuevo puede ser todavía más difícil.
Por eso puede ocurrir que una tarde parezca que hemos avanzado muchísimo porque hemos leído muchas páginas, mientras que otra nos parezca menos productiva porque hemos hecho pocos ejercicios.
Sin embargo, esos pocos ejercicios pueden haber obligado a nuestro cerebro a trabajar mucho más.
La cantidad de páginas o ejercicios completados tampoco es una medida perfecta del aprendizaje.
Una pregunta que puede ayudarte
Al terminar una sesión de estudio, prueba a preguntarte:
«¿Qué sé hacer ahora que no sabía hacer antes?»
Por ejemplo:
- ¿Puedo explicar este concepto?
- ¿Puedo resolver este tipo de ejercicio?
- ¿Puedo distinguir dos conceptos que antes confundía?
- ¿Puedo recordar las ideas principales sin mirar?
- ¿Puedo aplicar lo aprendido a un ejemplo diferente?
Si la respuesta es sí, has avanzado.
Si la respuesta es no, quizá necesites cambiar la forma en la que estás trabajando, aunque hayas dedicado muchas horas.
No todo el tiempo de estudio tiene que producir resultados inmediatos
También hay que tener cuidado con el extremo contrario.
No deberíamos pensar que si después de estudiar una hora no podemos recordar absolutamente todo, esa hora ha sido inútil.
El aprendizaje necesita tiempo.
Hay contenidos que requieren varias exposiciones.
Otros necesitan práctica.
Y algunos conceptos no terminan de asentarse hasta que los relacionamos con conocimientos anteriores.
Por eso no se trata de convertir cada sesión en una competición por conseguir el máximo rendimiento posible.
Se trata de encontrar un equilibrio sostenible.
Estudiar más no siempre soluciona el problema
Cuando un estudiante obtiene malos resultados, una de las primeras recomendaciones suele ser:
«Tienes que estudiar más.»
A veces es cierto.
Pero no siempre.
Si el problema está en que no comprende los conceptos, añadir más horas puede significar simplemente dedicar más tiempo a memorizar algo que sigue sin entender.
Si no sabe resolver los ejercicios, hacer más horas de lectura tampoco solucionará necesariamente el problema.
Si no sabe qué contenidos son importantes, puede terminar dedicando muchísimo tiempo a información secundaria.
Antes de añadir horas, conviene preguntarse:
¿Qué está fallando exactamente?
Aprender a detectar dónde pierdes tiempo
Esto no significa controlar cada minuto de tu día.
Pero sí puede ser interesante observar durante unos días cómo estudias.
¿Cuánto tiempo dedicas realmente a estudiar?
¿Cuánto a organizar los apuntes?
¿Cuánto a mirar el móvil?
¿Cuánto a releer?
¿Cuánto a hacer ejercicios?
¿Cuánto a intentar recordar sin mirar?
Es posible que descubras que algunas actividades ocupan mucho más tiempo del que pensabas.
Y también puedes descubrir que algunas estrategias que utilizas habitualmente no te están ayudando demasiado.
La calidad importa, pero la cantidad también
Tampoco debemos caer en la idea de que «estudiar poco pero bien» siempre es suficiente.
Si tienes un examen dentro de dos semanas y necesitas preparar una gran cantidad de contenido, tendrás que dedicar tiempo.
La cuestión no es elegir entre cantidad y calidad.
Necesitamos las dos.
Una buena estrategia durante una hora no compensa automáticamente no haber estudiado lo suficiente.
Pero dedicar muchas horas tampoco garantiza buenos resultados si esas horas están mal aprovechadas.
El objetivo es conseguir que el tiempo que realmente puedes dedicar al estudio sea lo más útil posible.
Cada estudiante necesita un ritmo diferente
Compararte con otra persona tampoco suele ayudar.
Quizá tu compañero necesite dos horas para preparar un tema y tú necesites tres.
O quizá tú tardes menos en una asignatura y más en otra.
Las dificultades, la base previa, la experiencia y la forma de trabajar pueden ser diferentes.
Por eso no tiene demasiado sentido establecer una cifra universal de horas que todo estudiante debería estudiar cada día.
Lo importante es encontrar un ritmo que permita avanzar sin convertir el estudio en una carrera constante contra el reloj.
Entonces, ¿cómo saber si estás estudiando bien?
No existe una fórmula mágica.
Pero puedes observar algunas señales.
Si puedes explicar lo que estudias, resolver ejercicios, detectar tus errores y recordar los contenidos después de cerrar los apuntes, probablemente estás trabajando de una manera que favorece el aprendizaje.
Si pasas muchas horas leyendo pero sigues sin saber explicar el tema, quizá haya algo que cambiar.
Y si llevas semanas estudiando y los resultados no mejoran, no siempre necesitas más horas.
Puede que necesites otra estrategia.
En resumen
Estudiar durante muchas horas puede ser necesario en determinadas circunstancias, pero el número de horas no determina por sí solo cuánto has aprendido.
Antes de añadir más tiempo, intenta averiguar qué está ocurriendo.
¿No entiendes?
¿No recuerdas?
¿No sabes aplicar?
¿No sabes organizarte?
¿Te distraes?
Cada problema requiere una solución diferente.
Y aprender a identificarlo puede ser mucho más útil que simplemente mirar el reloj y pensar:
«Hoy tengo que estudiar cinco horas.»
Porque estudiar no consiste en acumular horas.
Consiste en utilizar el tiempo disponible para comprender, practicar y avanzar.
¿Te cuesta saber cómo aprovechar mejor el tiempo de estudio?
En mis clases online e individuales no solo trabajamos los contenidos de la asignatura. También podemos detectar qué está dificultando el aprendizaje y buscar una forma de trabajar que se adapte a las necesidades de cada estudiante.
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