Hay frases que todos los estudiantes han pronunciado alguna vez:
«Me la sé de memoria.»
Y, en determinados momentos, memorizar puede ser exactamente lo que necesitamos.
Hay fechas que tenemos que recordar, fórmulas que debemos conocer, vocabulario que necesitamos aprender o definiciones que tendremos que manejar.
El problema aparece cuando confundimos recordar una información con haber aprendido realmente lo que significa.
Porque puedes ser capaz de repetir una definición palabra por palabra y, sin embargo, tener dificultades para explicar el concepto con tus propias palabras.
Y esto puede convertirse en un problema cuando el examen cambia ligeramente la forma de preguntar.
Memorizar también forma parte del aprendizaje
Lo primero que conviene aclarar es que memorizar no es malo.
La memoria es fundamental para aprender.
Necesitamos recordar información para poder utilizarla posteriormente.
El problema no está en memorizar.
Está en pensar que memorizar es siempre suficiente.
Imagina que estás estudiando una definición.
La lees varias veces.
Después intentas repetirla.
Al cabo de un rato puedes decirla prácticamente palabra por palabra.
Perfecto.
Has conseguido memorizarla.
Pero ahora imagina que el profesor te pregunta:
«Explícalo con tus propias palabras.»
De repente, la respuesta no sale con tanta facilidad.
Esto puede indicar que has conseguido recordar la formulación original, pero que todavía necesitas trabajar la comprensión del concepto.
¿Qué significa realmente comprender?
Comprender implica poder hacer algo más que repetir.
Por ejemplo, si aprendes un concepto, deberías intentar comprobar si puedes:
- explicarlo con palabras diferentes;
- relacionarlo con otros conceptos;
- poner un ejemplo;
- reconocerlo cuando aparece en una situación diferente;
- utilizarlo para resolver un problema.
No todos los contenidos requieren exactamente el mismo nivel de comprensión.
Pero cuanto más necesitas aplicar un conocimiento, menos útil resulta limitarse a memorizarlo literalmente.
Un ejemplo muy sencillo
Imagina que estás estudiando qué es la correlación.
Puedes memorizar una definición.
Pero comprender el concepto implica también saber reconocer qué significa que dos variables estén relacionadas, interpretar ejemplos y distinguir correlación de causalidad.
No basta con repetir una frase aprendida.
Necesitas saber qué representa.
Algo parecido ocurre en muchas asignaturas.
En Historia puedes memorizar una fecha, pero también necesitas comprender qué ocurrió y qué consecuencias tuvo.
En Lengua puedes memorizar qué es un complemento directo, pero después tendrás que reconocerlo dentro de una oración.
En Matemáticas puedes memorizar una fórmula, pero necesitarás saber cuándo utilizarla.
En Psicología puedes aprender una definición, pero quizá después tengas que aplicarla a un caso.
La prueba de «explícaselo a alguien»
Una de las formas más sencillas de comprobar si has comprendido algo es imaginar que tienes que explicárselo a una persona que no lo conoce.
No necesitas utilizar palabras complicadas.
De hecho, cuanto más claro y sencillo puedas explicarlo, mejor.
Si solamente puedes repetir exactamente la definición del libro, quizá todavía dependas demasiado de la formulación original.
En cambio, si puedes explicar qué significa, poner un ejemplo y responder a alguna pregunta relacionada, probablemente tengas una comprensión más profunda.
¿Qué pasa cuando el examen cambia la pregunta?
Aquí es donde muchas veces aparece el problema.
Durante el estudio, todo parecía sencillo.
La definición estaba aprendida.
Pero llega el examen y el profesor plantea la pregunta de otra manera.
Y aparece el bloqueo.
«Esto no lo he estudiado así.»
En realidad, puede que sí lo hayas estudiado.
Lo que ocurre es que lo habías aprendido asociado a una formulación concreta.
Por eso es interesante variar la forma de practicar.
No solo preguntarte:
«¿Cuál es la definición?»
También:
«¿Qué significa?»
«¿Cómo lo explicaría?»
«¿Qué ejemplo puedo poner?»
«¿Con qué concepto podría confundirlo?»
«¿Cómo lo reconocería en un ejercicio?»
Memorizar primero puede ser útil
En algunos casos, memorizar es un buen punto de partida.
Por ejemplo, puede ser necesario conocer determinados conceptos antes de poder relacionarlos.
El problema aparece cuando nos detenemos ahí.
Podemos pensar en el aprendizaje como diferentes niveles.
Primero podemos conocer una información.
Después podemos comprenderla.
Más adelante podemos aplicarla.
Y en algunos casos podemos llegar incluso a analizarla o relacionarla con otros conocimientos.
No todos los exámenes exigen llegar al mismo nivel.
Pero conviene saber qué nos están pidiendo.
No estudies igual una fórmula que un concepto
Esta diferencia también es importante.
Hay contenidos que necesitan cierta memorización.
Una fórmula matemática, por ejemplo, debe estar disponible cuando la necesitas.
Pero aprender la fórmula no significa saber resolver cualquier problema en el que aparezca.
Necesitas comprender qué representa cada elemento y en qué situaciones se puede utilizar.
Por eso, cuando estudies algo, puedes preguntarte:
«¿Esto necesito recordarlo, comprenderlo o saber aplicarlo?»
A veces serán las tres cosas.
¿Cómo transformar una definición en aprendizaje?
Puedes probar un procedimiento muy sencillo.
1. Lee la definición
Primero necesitas conocer el contenido.
2. Cierra los apuntes
Intenta recordar la idea principal.
3. Explícala con tus palabras
No intentes repetirla literalmente.
4. Busca un ejemplo
Piensa en una situación en la que pueda aparecer.
5. Compárala con conceptos parecidos
Esto ayuda especialmente cuando existen términos que suelen confundirse.
6. Intenta aplicarla
Haz un ejercicio o busca un caso práctico.
Así pasas de simplemente reconocer una definición a trabajar con ella.
¿Y si necesito memorizar muchas cosas?
Esto es especialmente habitual en algunas asignaturas.
No podemos pretender convertir absolutamente todo en una explicación práctica.
Habrá contenidos que tendremos que memorizar.
Pero incluso entonces podemos buscar relaciones.
En lugar de aprender veinte conceptos como una lista interminable, intenta agruparlos, compararlos y establecer conexiones.
La memoria funciona mucho mejor cuando la información tiene sentido y está relacionada con conocimientos que ya tenemos.
El problema no es tener buena o mala memoria
A veces un estudiante piensa:
«Yo tengo muy mala memoria.»
Pero quizá el problema no sea la capacidad para memorizar.
Quizá esté intentando aprender información sin comprenderla o sin relacionarla con nada.
También puede ocurrir que estudie únicamente mediante relectura y después no practique la recuperación de la información.
Antes de concluir que tienes mala memoria, merece la pena preguntarte:
¿Cómo estoy intentando aprender esto?
El examen también nos da una pista
Después de un examen, en lugar de quedarte únicamente con la nota, puede ser útil analizar qué ocurrió.
¿No recordabas la información?
¿La recordabas pero no entendías la pregunta?
¿Conocías el concepto pero no supiste aplicarlo?
¿Confundiste conceptos parecidos?
¿Te faltó práctica?
Cada respuesta apunta a un problema diferente.
Y conocer el problema permite buscar una solución más concreta.
En resumen
Memorizar y aprender no son exactamente lo mismo.
Memorizar nos permite conservar información.
Comprender nos permite darle significado.
Aplicar nos permite utilizarla en situaciones diferentes.
Y muchas veces necesitamos las tres cosas.
Por eso, la próxima vez que termines de estudiar una definición, no te preguntes únicamente:
«¿Me la sé?»
Añade algunas preguntas más:
«¿Puedo explicarla?»
«¿Puedo poner un ejemplo?»
«¿Sé distinguirla de otros conceptos?»
«¿Sé utilizarla?»
Si puedes responder a esas preguntas, probablemente estés haciendo algo más que memorizar.
Estás aprendiendo.
¿Te cuesta saber qué tienes que memorizar y qué necesitas comprender?
En mis clases online e individuales trabajamos los contenidos intentando entender qué exige realmente cada asignatura y qué necesita cada estudiante.
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